martes, 7 de julio de 2009

Concepciones de Aprendizaje

¿Qué concepciones de aprendizaje nos parecen congruentes con el enfoque por competencias y por qué? En primer lugar comento que los enfoques se van nutriendo uno del otro y tienen algunos puntos convergentes, de los cuales son la pauta para el surgimiento de otro enfoque, por lo tanto considero que el enfoque por competencias se enriquece de aspectos diversos como por ejemplo con el conductismo, ambos hablan de actividades a desempeñar y a través de la repetición se logra un aprendizaje de tipo memorístico pero que es observable y medible. El error también implica aprender. En cuanto al procesamiento de la información, nos plantea que al incentivar la actividad mental, se promueve el aprendizaje a través de un procedimiento que organiza la información y se “recupera” cuando se requiere, lo que es muy parecido a los principios del cognoscitivismo y el enfoque por competencias en la acomodación de las estructuras del conocimiento y recuperación en el momento preciso. Con el procesamiento de la información, la actividad directa del estudiante sobre su realidad en otras palabras el estudiante es quien construye y reconstruye su conocimiento, en cuanto al aprendizaje por descubrimiento sobre todo a aplicar los conocimientos adquiridos a situaciones y contextos diferentes, el alumno descubre, comprende y transfiere conocimientos a otras situaciones, lo cual promueve el reforzamiento de lo aprendido (aprehendido). En esta misma perspectiva el aprendizaje significativo señala que el nuevo conocimiento tiene su origen en los conocimientos previos del estudiante para que efectivamente le sean significativos, durables es decir memoria a largo plazo y a la vez transferibles (metacognición), se relaciona con el enfoque por competencias por que efectivamente éste parte de los conocimientos previos que el docente debe conocer a través de una evaluación diagnóstica para identificar intereses, motivaciones, nivel de dominio del tema y la materia para poder entrelazar lo nuevo. Con la psicología cognitivista nos plantea que el desafío como un motivador para el aprendizaje así como las condiciones es decir el ambiente propicio para el aprendizaje, el concepto de metacognición y trasferencia del aprendizaje y volvemos al reforzamiento de lo aprendido. En cuanto al constructivismo nos menciona que la adaptación de los individuos al medio, la actividad mental para el desarrollo de la inteligencia, la interacción en íntima relación con los conocimientos previos y la reconstrucción de los esquemas mentales son precisamente postulados para la construcción del conocimiento. El socio-constructivismo, enfatiza la interacción social para aprender, ya que se promueve el andamiaje de conocimientos a través de la formación de nuevas estructuras, el aprendizaje colaborativo y el aprendizaje situado, conceptos que el enfoque por competencias también integra como parte medular de sus principios.











Aprendizaje y Competencias

La pregunta problematizadora central que nos plantea el documento de Xavier Vargas Beal titulado “El aprendizaje y el desarrollo de las competencias”, es la siguiente: “¿Son los logros que busca el mundo del trabajo (al que debe responder la educación superior) semejantes a los logros generales que la educación desde siempre ha proclamado que persigue?”. Cuya respuesta argumenta haciendo una diferenciación de los intereses que persigue el mundo productivo y el académico, enfatizando sobre todo que las competencias operativas y competencias cognoscitivas a desarrollar desde este punto de vista en los individuos, la educación superior por encima de todo debe preparar a los individuos en todas sus dimensiones bajo una perspectiva de educación integral, dotándolos de competencias tanto para el ejercicio profesional y la formación a lo largo de la vida; de lo contrario se corre el riesgo de formar seres humanos antisociales e insensibles a su propia humanidad.

Más adelante y en esta misma línea cuestiona nuevamente . ¿No queda la práctica profesional desprovista de sentido si se le desarrolla sin análisis y reflexión teórica? ¿No toma el mundo de la empresa un control excesivo de las operaciones socio-profesionales si se desnudan éstas de su carácter reflexivo y conceptual?. Considero que toda actividad humana, por ser precisamente humana debe ir acompañara de un pensamiento reflexivo y crítico, porque gracias a este pensamiento la humanidad ha logrado el avance científico y tecnológico por lo que surge el siguiente cuestionamiento: : ¿cómo se opera el mundo sin comprenderlo? O mejor, ¿a qué intereses sirve una operación del mundo sin su reflexión y su comprensión? ¿No debería entonces ser considerada la competencia –por lo menos en el mundo académico- como una noción que incluyera un diálogo de ida y vuelta entre el objeto socio-profesional al que sirve utilitariamente y el objeto de estudio que la provee de significado y sentido? En este sentido, debemos entender que vivimos en un solo mundo y que responder únicamente a intereses privados, la humanidad entera pagará una factura muy cara. Vivimos en sociedad y debemos pensar en el desarrollo social y el bienestar común de todos. Entonces pregunta nuevamente Vargas Beal ¿cómo y por qué razones habremos de re-significar esta noción para que tome un significado más académico que vincule los marcos referenciales teóricos del estudiante con la acción misma en que se ponen en juego precisamente esos saberes? ¿Es esto posible? ¿No conspira de origen, académicamente hablando, la noción de capacitación contra la noción misma de educación? ¿Capacitar y educar son realmente cosas distintas? ¿Por qué? ¿En qué estriba la diferencia que hace a los académicos alejarse de la capacitación para atrincherarse en la educación, al mismo tiempo que a los empresarios alejarse de ésta para atrincherarse en aquella? Yo creo que la capacitación y la educación son cosas distintas, porque la educación abarca otras dimensiones del ser humano, ya que al aprehender, uno mismo se transforma, cambia tu manera de comprender, de analizar, de desenvolverte, de decidir, entre otros aspectos.
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Veamos lo que pregunta Xavier Vargas Beal al respecto ¿Cómo hablar entonces de aprendizaje significativo y de aprendizaje situado sin antes haber establecido la naturaleza profunda del aprendizaje como tal, en unos términos además que develen cómo sucede –en virtud de este aprendizaje- la transformación profunda del sujeto? ¿Se deriva precisamente de esta transformación profunda de la persona que aprende la posibilidad de que el aprendizaje sea o no significativo?
El autor deja muy claro que “el ser humano aprende significativamente sólo aquello que percibe como necesario para la sobrevivencia o el desarrollo del sí mismo”….” un aprendizaje donde los contenidos nuevos pueden ser asimilados a los viejos, dentro, siempre, de la estructura cognitiva del sujeto” …. Y en concreto que “que ambas tienen como eje de su reflexión al sujeto y sus estructuras afectivo-cognitivas desde las cuales entiende y resuelve la realidad. “ (Vargas, 2005).

Al respecto de este señalamiento, nos hace una serie de reflexiones acerca del aprendizaje significativo y aprendizaje situado.

El aprendizaje con “h”, como el lo especifica se vuelve significativo cuando el individuo se apropia de la realidad y se construye asimismo, por lo que mucho cuestiona la mediación del docente y más bien señala que su papel es de facilitador en cuanto a que crea el ambiente y las condiciones adecuadas para que se cuide la estructura del estudiante, por lo tanto el aprendizaje significativo es aquel que cumple estas dos condiciones: 1) las amenazas al sí mismo del estudiante se reducen a un mínimo, y 2) se facilita la percepción diferenciada del campo de la experiencia".[1] De ahí que “La asimilación de nuevos significados a los viejos y la acomodación de los viejos a los nuevos, implica la actualización del sí-mismo del sujeto cognoscente en tanto que es en esta organización de esquemas para interpretar y comprender la realidad que el sujeto tiene su fundamento vital como ser bio-psico-social”. La asimilación para la construcción y reconstrucción de la realidad implica necesariamente la construcción del sujeto y de cómo estar en la realidad. La posibilidad de elegir, posibilidad posibilitante.

Con respecto al aprendizaje situado, para favorecerlo es necesario crear las condiciones, despertar el interés por aprender, para construir el conocimiento. Por otra parte, situar el aprendizaje significa dar respuesta a preguntas fundamentales que el docente debe analizar durante el desarrollo de su práctica docente y se refiere en específico a los pilares educativos que exalta Delors aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser, y es cuando se refiere más que nada a una educación integral, en la cual el docente desempeña un papel importante en el proceso educativo, ya que el aprendizaje es más enriquecedor si durante el proceso el alumno tiene un guía o aprende de manera colaborativa. De ahí la importancia del papel docente y los principios que lo deben regir.

En respuesta a la pregunta sobre si el aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera? Es necesario enfatizar que cada paradigma educativo planteó diferentes formas de evaluación, pero creo que entre más profundizamos en el estudio del desarrollo humano las formas de evaluación tratan de abarcar más dimensiones, antes nos considerábamos satisfechos si un alumno podía responder de manera mecánica y memorística, ahora la evaluación intenta medir conocimientos, habilidades, actitudes y valores, necesitamos que los alumnos no sólo memoricen información, sino que accedan a un nivel de comprensión, de análisis, de utilización y aplicación de conocimientos en diferentes situaciones, bajo determinados valores y actitudes, ahora es más necesario que el docente observe con más conciencia a sus alumnos para poder evaluar de manera integral en congruencia con la educación integral que pretendemos brindar bajo el enfoque por competencias. Por lo anteriormente señalado, las preguntas simples y los contenidos cualquiera no nos brindan la posibilidad de evaluar los aspectos relevantes del aprendizaje adquirido por los alumnos, es necesario problematizar y desarrollar temas integradores donde la o las soluciones se planteen desde diferentes perspectivas (asignaturas).









jueves, 21 de mayo de 2009

Mi confrontación con la docencia.


La docencia muchas veces se ejerce por ensayo y error, en un principio, pero si empezamos esta actividad, analizando desde un principio los pasos que damos y tomamos las medidas correctivas constantemente, los errores disminuyen y los aciertos aumentan. La perfección no es producto de la casualidad, sino del trabajo constante y de la autoevaluación y si nos asesoramos con las personas que nos pueden ayudar a mejorar, el cambio es más rápido y evidente.

Sé que la experiencia del primer día de trabajo a nadie se nos olvida, estamos entusiasmados pero muy nerviosos y atentos para no cometer errores, no preguntamos porque no queremos evidenciar nuestra incapacidad en tal o cual situación, pero es mejor hacerlo y buscar el apoyo necesario; nos pasa igual que a los alumnos, que no preguntan por miedo a burlas, pero ese es otro error más, porque nos quedan lagunas cognitivas que merman terriblemente el conocimiento y la capacidad de desempeñar de manera eficiente nuestra labor.

Ahora bien, debo recalcar que el entusiasmo del primer día idealmente debería tenerse siempre, así cumplas treinta años de servicio en la docencia, pero como ya lo hemos mencionado depende de la actitud y del compromiso que tengas contigo mismo de estar constantemente actualizado, para que cada clase sea diferente, novedosa, interesante para crear en el alumno esa sed por saber, por conocer y de esta manera abatir el tedio que surge de estar repitiendo lo mismo y apoyarse en ese cuaderno de trabajo que con el tiempo y el uso se torna amarillo.

Conocer a nuestros alumnos, es otra tarea que el docente debe asumir, pero también todos aquellos que intervienen en el proceso educativo en la Institución, porque cada uno tenemos una tarea que cumplir. Con esto quiero recalcar que el docente, muchas veces tiene que desempeñar otras actividades fuera de su competencia, es decir, necesitan tener conocimientos de orientadores, fomentar valores, entre otras, por lo que su capacitación debe ir en función de sus necesidades, para apoyar a los alumnos o en su caso canalizarlos. Ser docentes humanos, en la manera de conducirse con los alumnos tratarlos con respeto, permitir la comunicación multidireccional, ser flexibles y dar lo mejor de sí en cada clase, generar ese ambiente de confianza propicio para el conocimiento.

La institución debe actuar en función de las necesidades de nuestros clientes, en primer término los alumnos, en segundo los padres de familia y en tercero la sociedad, porque las escuelas cumplen una función importante en el desarrollo de la humanidad, perder de vista esto genera problemas sociales que deterioran y nos golpean con fuerza como los antivalores y la deshumanización, la invitación es luchar desde cada pequeña trinchera que nos toca.

Finalmente, ser docente es una actividad muy noble porque das y ayudas a otros para convertirse en personas valiosas, creativas, productivas, responsables, capaces de valerse por sí mismos y esto es muy generoso, el valor que trae implícita esta tarea es invaluable porque fomentamos y desarrollamos las capacidades de los jóvenes para enfrentarse a la vida y esto nos debe llenar de orgullo y mucha satisfacción.

Gracias por compartir.

Saludos cordiales,

Mi aventura de ser docente

La aventura de ser maestro

José M. Esteve
Universidad de Málaga
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Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
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La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer[PR1] ...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual[PR2] .
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos. Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras[PR3] ”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza[PR4] .
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original[PR5] ... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Las dificultades
He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras treinta años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio, e, inevitablemente, de las dificultades a sortear.
Identidad profesional
El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor. Las dificultades suelen ser distintas entre los profesores de primaria respecto a los de secundaria.
Entre los de primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie les ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes. Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír. Así, se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación. Pese a que una de las principales tareas a desarrollar en su trabajo será la enseñanza de la lectura y la escritura, muy pocas diplomaturas de maestro incluyen un curso de lectoescritura, mientras que es frecuente que se dediquen cursos enteros al aprendizaje de la fonética.
Por estos caminos, al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, el profesor novato se encuentra con que tiene claro el modelo de profesor ideal, pero no sabe cómo hacerlo realidad. Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. “El choque con la realidad” dura dos o tres años; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos.
En este aprendizaje por ensayo y error, uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del “profesor ideal”; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal. Desde esta perspectiva, si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase? Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, en el que el profesor novato tiene que volver a estudiar temas y estrategias de clase, ahora desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio[PR6] .
Entre los profesores de secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...)”. En efecto, nuestros profesores de secundaria se forman en unas Facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al Instituto para explicar Geografía e Historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de Ética, se identifica a sí mismo como “medievalista”, ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar Paleografía, Epigrafía y Numismática, Latín y Árabe para acceder a los documentos medievales, y se le ha iniciado en el trabajo de Archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un bario conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. El es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su Tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿por qué le obligan ahora a enseñar Historia General, que no es lo suyo, y, de paso Geografía y Ética? Y, además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la Historia, y que temas claves de su especialidad -como el apasionante tema de su tesina- se despachan con dos párrafos en el libro de texto.
Para colmo, nuestro futuro profesor de secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos[PR7] . ¡Qué duro resulta comprender esto a la mayor parte de nuestros profesores de secundaria y de Universidad! Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos, ¿por qué van ellos a rebajar sus niveles de conocimientos a la mentalidad de treinta adolescentes bárbaros? ¡Hay que mantener el nivel! -gritan exaltados-, y ello significa, en la práctica, que dan clase para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto un grupo de adolescentes.
Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto pasa, necesariamente, por una actitud de servicio hacia los alumnos, por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes... Un viejo maestro me decía que, enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos, en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos. Lo único verdaderamente importante son los alumnos... Esa enorme empresa que es la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos[PR8] .
Comunicación e interacción
El segundo problema a solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, exigiendo de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción[PR9] .
Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en este ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpático o hundirnos en el más espantoso de los ridículos. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz... etc.
Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular nuestro ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.
Disciplina
Otro obstáculo serio a superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores. En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el “buen profesor” debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos[PR10] .
El viejo supuesto, según el cual, “para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido” encuentra en este campo su negación más radical. Entonces, el profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal. Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites.
Contenidos y niveles
Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos asequibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones. Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor
Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar. Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos. Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la Universidad[PR11] .
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MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1936)
Escritor, filósofo, humanista. Rector de la Universidad de Salamanca. Autor de una extensa obra literaria en la que destacan sus ensayos, en los que analiza la realidad social con una visión crítica y con una fuerte implicación personal. Se le considera uno de los mejores representantes de la Generación del 98. Su enfrentamiento a la dictadura de Primo de Rivera le llevó al destierro.
FRANCISCO GINER DE LOS RIOS (1839-1915)
Catedrático de derecho de la Universidad de Madrid. En 1876 renuncia a su puesto en defensa de la libertad de cátedra y funda la Institución Libre de Enseñanza, la institución educativa más innovadora en la España de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Su Residencia de Estudiantes es el centro clave de reunión y de formación de los mejores intelectuales y artistas españoles del siglo XX.

[PR1]Es interesante darnos cuenta que los docentes en muchas ocasiones se comportan igual que los alumnos, aparentamos saber cuando en realidad necesitamos ayuda y nos da pena reconocerlo y solicitar apoyo para superar estas deficiencias cognitivas.

[PR2]“El conocimiento nos hará libres”, no es una frase cualquiera por que nos da libertad hacia la creatividad, a descubrir nuestro estilo de enseñanza, a vivir esta experiencia en el día a día con ánimo y esperanza de lograr un cambio en otros.

[PR3]Esta es precisamente uno de los fundamentos de nuestra labor, combinar lo cognitivo con el lado humano del docente, es tan importante para educar de manera integral a otros seres humanos.

[PR4]Hablamos de hacer significativo el aprendizaje para el alumno, pero también para el docente por que si no entendemos lo que enseñamos, entonces no ensañamos nada y seguimos en la monotonía de no entender su aplicabilidad en la vida y la variedad de ejemplos que podemos compartir con los alumnos.

[PR5]Es docente quien deja huellas positivas en el pensamiento humano, que ayude a cambiar la realidad.

[PR6]El analizar nuestra práctica docente, autoevaluarnos y detectar deficiencias es un buen inicio y si hacemos todo lo necesario en superarlo con capacitación, con apoyo de otros con mayor experiencia y llegar a consolidar un estilo de enseñanza es un logro lleno de satisfacciones.

[PR7]Muchos docentes piensan que su labor consiste en reprobar al mayor número de alumnos, incluso en la primer clase amenazan con hacerlo y se sienten orgullosos de esto!!!!!!!

[PR8]Es verdad muchos de los que laboramos en instituciones escolares, olvidamos que nuestro cliente es el alumno, por ellos estamos aquí, actuamos en base a nuestras necesidades y no en base a los requerimientos de los jóvenes estudiantes.

[PR9]El desarrollo de la humanidad se ha dado gracias al desarrollo del lenguaje, es decir a la comunicación, en sus variedades, ya sea corporal, visual, auditiva, kinestésica, además del apoyo que actualmente nos brindan las TIC’s.

[PR10]Es muy importante establecer al inicio del curso los convenios de aprendizaje, como una forma para prevenir conflictos.

[PR11]El recuento de los años, para un profesor debe ser positivo en el sentido de que los logros de sus alumnos, también son logros propios, el que un alumno pase nuestra materia no es suficiente, sino el hecho de que sus conocimientos los aplique es de mayor satisfacción.

"Los saberes de mis estudiantes"

En la actualidad el uso de Internet por parte de los jóvenes es muy cotidiano, por lo que han desarrollado una habilidad y conocimiento sorprendente. Para poder realizar esta actividad y conocer los tipos de uso que hacen los estudiantes de Internet, se procedió de la siguiente manera:

1.- Como ya he mencionado debido a que no estamos frente a grupo 3 compañeras solicitamos el permiso pertinente a la Dirección del Plantel y a una docente del grupo.

2.- Nos presentamos al grupo en la fecha y hora señalada, iniciamos con una Introducción, donde se explicó en qué consiste esta actividad, el objetivo de la misma y hablamos de los seis puntos de las reflexiones que comparte Jordi Adell y dimos algunos ejemplos de la importancia de compartir y trabajar para crear en grupo, e incluso se dieron algunos ejemplos.

Dividimos el grupo para que cada una de nosotras realizara su actividad de manera individual.

3.- Se les preguntó el uso que le dan a Internet, el 70% de los estudiantes lo usa como espacio social de acción individual y colectiva. También les gusta bajar música, videos y compartir fotografías. El 30% para obtener información con fines de obtener información para realizar tareas. Les preguntamos por qué no hacían un mayor uso para fines educativos, argumentaron que sus maestros casi no usan estas herramientas tecnológicas para impartir sus clases por diferentes causas como la falta de habilidad por parte de los docentes y también por falta de equipo y espacio adecuado.

Por otro lado, reconocieron que la información que bajan de Internet no la analizan sino que copian y renombran el trabajo, sin verificar que la fuente sea confiable y sin realizar un análisis del mismo, acciones que muchos docentes han detectado y en consecuencia ya no les piden trabajos de Internet y prefieren trabajar de manera tradicional.


4.- Les hablamos de que cada uno de ellos (los estudiantes), tienen conocimientos en Internet que pueden enseñar a sus compañeros, los invitamos a realizar un autoanálisis sobre lo que saben hacer y que les gustaría compartir con sus compañeros de grupo.

5.- Se detectaron conocimientos variados, pero sobre todo 2 se propusieron para compartir sus conocimientos para crear metroflog, bajar música y utilizar Excel para hacer gráficas.

6.- Quedaron de reunirse en la biblioteca del plantel y dividir el grupo en dos durante el receso que tienen durante las clases. Mientras unos aprenden a bajar música y algunos tipos de Excel otros van a crear sus metroflog.

7.- Finalmente intercambiaron correos electrónicos, por que curiosamente no se comunican entre ellos de manera virtual, sino que el Messenger y la dirección electrónica lo usan para comunicarse con amigos que no pertenecen a su grupo. La comunicación virtual que se establezca entre ellos será con fines diversos, pero sobre todo para intercambiar nuevos usos sobre Internet aplicada al mejoramiento de su aprendizaje y la aplicación de la Tic´s en el aula.

8.- Por mi lado, me comprometí a darles información para poder seleccionar la información fidedigna y confiable y fomentar el análisis de la información que bajen para trabajos escolares con mejor calidad.