La pregunta problematizadora central que nos plantea el documento de Xavier Vargas Beal titulado “El aprendizaje y el desarrollo de las competencias”, es la siguiente: “¿Son los logros que busca el mundo del trabajo (al que debe responder la educación superior) semejantes a los logros generales que la educación desde siempre ha proclamado que persigue?”. Cuya respuesta argumenta haciendo una diferenciación de los intereses que persigue el mundo productivo y el académico, enfatizando sobre todo que las competencias operativas y competencias cognoscitivas a desarrollar desde este punto de vista en los individuos, la educación superior por encima de todo debe preparar a los individuos en todas sus dimensiones bajo una perspectiva de educación integral, dotándolos de competencias tanto para el ejercicio profesional y la formación a lo largo de la vida; de lo contrario se corre el riesgo de formar seres humanos antisociales e insensibles a su propia humanidad.
Más adelante y en esta misma línea cuestiona nuevamente . ¿No queda la práctica profesional desprovista de sentido si se le desarrolla sin análisis y reflexión teórica? ¿No toma el mundo de la empresa un control excesivo de las operaciones socio-profesionales si se desnudan éstas de su carácter reflexivo y conceptual?. Considero que toda actividad humana, por ser precisamente humana debe ir acompañara de un pensamiento reflexivo y crítico, porque gracias a este pensamiento la humanidad ha logrado el avance científico y tecnológico por lo que surge el siguiente cuestionamiento: : ¿cómo se opera el mundo sin comprenderlo? O mejor, ¿a qué intereses sirve una operación del mundo sin su reflexión y su comprensión? ¿No debería entonces ser considerada la competencia –por lo menos en el mundo académico- como una noción que incluyera un diálogo de ida y vuelta entre el objeto socio-profesional al que sirve utilitariamente y el objeto de estudio que la provee de significado y sentido? En este sentido, debemos entender que vivimos en un solo mundo y que responder únicamente a intereses privados, la humanidad entera pagará una factura muy cara. Vivimos en sociedad y debemos pensar en el desarrollo social y el bienestar común de todos. Entonces pregunta nuevamente Vargas Beal ¿cómo y por qué razones habremos de re-significar esta noción para que tome un significado más académico que vincule los marcos referenciales teóricos del estudiante con la acción misma en que se ponen en juego precisamente esos saberes? ¿Es esto posible? ¿No conspira de origen, académicamente hablando, la noción de capacitación contra la noción misma de educación? ¿Capacitar y educar son realmente cosas distintas? ¿Por qué? ¿En qué estriba la diferencia que hace a los académicos alejarse de la capacitación para atrincherarse en la educación, al mismo tiempo que a los empresarios alejarse de ésta para atrincherarse en aquella? Yo creo que la capacitación y la educación son cosas distintas, porque la educación abarca otras dimensiones del ser humano, ya que al aprehender, uno mismo se transforma, cambia tu manera de comprender, de analizar, de desenvolverte, de decidir, entre otros aspectos.
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Veamos lo que pregunta Xavier Vargas Beal al respecto ¿Cómo hablar entonces de aprendizaje significativo y de aprendizaje situado sin antes haber establecido la naturaleza profunda del aprendizaje como tal, en unos términos además que develen cómo sucede –en virtud de este aprendizaje- la transformación profunda del sujeto? ¿Se deriva precisamente de esta transformación profunda de la persona que aprende la posibilidad de que el aprendizaje sea o no significativo?
El autor deja muy claro que “el ser humano aprende significativamente sólo aquello que percibe como necesario para la sobrevivencia o el desarrollo del sí mismo”….” un aprendizaje donde los contenidos nuevos pueden ser asimilados a los viejos, dentro, siempre, de la estructura cognitiva del sujeto” …. Y en concreto que “que ambas tienen como eje de su reflexión al sujeto y sus estructuras afectivo-cognitivas desde las cuales entiende y resuelve la realidad. “ (Vargas, 2005).
Al respecto de este señalamiento, nos hace una serie de reflexiones acerca del aprendizaje significativo y aprendizaje situado.
El aprendizaje con “h”, como el lo especifica se vuelve significativo cuando el individuo se apropia de la realidad y se construye asimismo, por lo que mucho cuestiona la mediación del docente y más bien señala que su papel es de facilitador en cuanto a que crea el ambiente y las condiciones adecuadas para que se cuide la estructura del estudiante, por lo tanto el aprendizaje significativo es aquel que cumple estas dos condiciones: 1) las amenazas al sí mismo del estudiante se reducen a un mínimo, y 2) se facilita la percepción diferenciada del campo de la experiencia".[1] De ahí que “La asimilación de nuevos significados a los viejos y la acomodación de los viejos a los nuevos, implica la actualización del sí-mismo del sujeto cognoscente en tanto que es en esta organización de esquemas para interpretar y comprender la realidad que el sujeto tiene su fundamento vital como ser bio-psico-social”. La asimilación para la construcción y reconstrucción de la realidad implica necesariamente la construcción del sujeto y de cómo estar en la realidad. La posibilidad de elegir, posibilidad posibilitante.
Con respecto al aprendizaje situado, para favorecerlo es necesario crear las condiciones, despertar el interés por aprender, para construir el conocimiento. Por otra parte, situar el aprendizaje significa dar respuesta a preguntas fundamentales que el docente debe analizar durante el desarrollo de su práctica docente y se refiere en específico a los pilares educativos que exalta Delors aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser, y es cuando se refiere más que nada a una educación integral, en la cual el docente desempeña un papel importante en el proceso educativo, ya que el aprendizaje es más enriquecedor si durante el proceso el alumno tiene un guía o aprende de manera colaborativa. De ahí la importancia del papel docente y los principios que lo deben regir.
En respuesta a la pregunta sobre si el aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera? Es necesario enfatizar que cada paradigma educativo planteó diferentes formas de evaluación, pero creo que entre más profundizamos en el estudio del desarrollo humano las formas de evaluación tratan de abarcar más dimensiones, antes nos considerábamos satisfechos si un alumno podía responder de manera mecánica y memorística, ahora la evaluación intenta medir conocimientos, habilidades, actitudes y valores, necesitamos que los alumnos no sólo memoricen información, sino que accedan a un nivel de comprensión, de análisis, de utilización y aplicación de conocimientos en diferentes situaciones, bajo determinados valores y actitudes, ahora es más necesario que el docente observe con más conciencia a sus alumnos para poder evaluar de manera integral en congruencia con la educación integral que pretendemos brindar bajo el enfoque por competencias. Por lo anteriormente señalado, las preguntas simples y los contenidos cualquiera no nos brindan la posibilidad de evaluar los aspectos relevantes del aprendizaje adquirido por los alumnos, es necesario problematizar y desarrollar temas integradores donde la o las soluciones se planteen desde diferentes perspectivas (asignaturas).
Más adelante y en esta misma línea cuestiona nuevamente . ¿No queda la práctica profesional desprovista de sentido si se le desarrolla sin análisis y reflexión teórica? ¿No toma el mundo de la empresa un control excesivo de las operaciones socio-profesionales si se desnudan éstas de su carácter reflexivo y conceptual?. Considero que toda actividad humana, por ser precisamente humana debe ir acompañara de un pensamiento reflexivo y crítico, porque gracias a este pensamiento la humanidad ha logrado el avance científico y tecnológico por lo que surge el siguiente cuestionamiento: : ¿cómo se opera el mundo sin comprenderlo? O mejor, ¿a qué intereses sirve una operación del mundo sin su reflexión y su comprensión? ¿No debería entonces ser considerada la competencia –por lo menos en el mundo académico- como una noción que incluyera un diálogo de ida y vuelta entre el objeto socio-profesional al que sirve utilitariamente y el objeto de estudio que la provee de significado y sentido? En este sentido, debemos entender que vivimos en un solo mundo y que responder únicamente a intereses privados, la humanidad entera pagará una factura muy cara. Vivimos en sociedad y debemos pensar en el desarrollo social y el bienestar común de todos. Entonces pregunta nuevamente Vargas Beal ¿cómo y por qué razones habremos de re-significar esta noción para que tome un significado más académico que vincule los marcos referenciales teóricos del estudiante con la acción misma en que se ponen en juego precisamente esos saberes? ¿Es esto posible? ¿No conspira de origen, académicamente hablando, la noción de capacitación contra la noción misma de educación? ¿Capacitar y educar son realmente cosas distintas? ¿Por qué? ¿En qué estriba la diferencia que hace a los académicos alejarse de la capacitación para atrincherarse en la educación, al mismo tiempo que a los empresarios alejarse de ésta para atrincherarse en aquella? Yo creo que la capacitación y la educación son cosas distintas, porque la educación abarca otras dimensiones del ser humano, ya que al aprehender, uno mismo se transforma, cambia tu manera de comprender, de analizar, de desenvolverte, de decidir, entre otros aspectos.
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Veamos lo que pregunta Xavier Vargas Beal al respecto ¿Cómo hablar entonces de aprendizaje significativo y de aprendizaje situado sin antes haber establecido la naturaleza profunda del aprendizaje como tal, en unos términos además que develen cómo sucede –en virtud de este aprendizaje- la transformación profunda del sujeto? ¿Se deriva precisamente de esta transformación profunda de la persona que aprende la posibilidad de que el aprendizaje sea o no significativo?
El autor deja muy claro que “el ser humano aprende significativamente sólo aquello que percibe como necesario para la sobrevivencia o el desarrollo del sí mismo”….” un aprendizaje donde los contenidos nuevos pueden ser asimilados a los viejos, dentro, siempre, de la estructura cognitiva del sujeto” …. Y en concreto que “que ambas tienen como eje de su reflexión al sujeto y sus estructuras afectivo-cognitivas desde las cuales entiende y resuelve la realidad. “ (Vargas, 2005).
Al respecto de este señalamiento, nos hace una serie de reflexiones acerca del aprendizaje significativo y aprendizaje situado.
El aprendizaje con “h”, como el lo especifica se vuelve significativo cuando el individuo se apropia de la realidad y se construye asimismo, por lo que mucho cuestiona la mediación del docente y más bien señala que su papel es de facilitador en cuanto a que crea el ambiente y las condiciones adecuadas para que se cuide la estructura del estudiante, por lo tanto el aprendizaje significativo es aquel que cumple estas dos condiciones: 1) las amenazas al sí mismo del estudiante se reducen a un mínimo, y 2) se facilita la percepción diferenciada del campo de la experiencia".[1] De ahí que “La asimilación de nuevos significados a los viejos y la acomodación de los viejos a los nuevos, implica la actualización del sí-mismo del sujeto cognoscente en tanto que es en esta organización de esquemas para interpretar y comprender la realidad que el sujeto tiene su fundamento vital como ser bio-psico-social”. La asimilación para la construcción y reconstrucción de la realidad implica necesariamente la construcción del sujeto y de cómo estar en la realidad. La posibilidad de elegir, posibilidad posibilitante.
Con respecto al aprendizaje situado, para favorecerlo es necesario crear las condiciones, despertar el interés por aprender, para construir el conocimiento. Por otra parte, situar el aprendizaje significa dar respuesta a preguntas fundamentales que el docente debe analizar durante el desarrollo de su práctica docente y se refiere en específico a los pilares educativos que exalta Delors aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser, y es cuando se refiere más que nada a una educación integral, en la cual el docente desempeña un papel importante en el proceso educativo, ya que el aprendizaje es más enriquecedor si durante el proceso el alumno tiene un guía o aprende de manera colaborativa. De ahí la importancia del papel docente y los principios que lo deben regir.
En respuesta a la pregunta sobre si el aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera? Es necesario enfatizar que cada paradigma educativo planteó diferentes formas de evaluación, pero creo que entre más profundizamos en el estudio del desarrollo humano las formas de evaluación tratan de abarcar más dimensiones, antes nos considerábamos satisfechos si un alumno podía responder de manera mecánica y memorística, ahora la evaluación intenta medir conocimientos, habilidades, actitudes y valores, necesitamos que los alumnos no sólo memoricen información, sino que accedan a un nivel de comprensión, de análisis, de utilización y aplicación de conocimientos en diferentes situaciones, bajo determinados valores y actitudes, ahora es más necesario que el docente observe con más conciencia a sus alumnos para poder evaluar de manera integral en congruencia con la educación integral que pretendemos brindar bajo el enfoque por competencias. Por lo anteriormente señalado, las preguntas simples y los contenidos cualquiera no nos brindan la posibilidad de evaluar los aspectos relevantes del aprendizaje adquirido por los alumnos, es necesario problematizar y desarrollar temas integradores donde la o las soluciones se planteen desde diferentes perspectivas (asignaturas).
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